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Oraciones a Nuestra SeÑora del Monte Carmelo
Dedicación de uno mismo a la Santa Virgen María
Queridísima Madre, deseo pertenecer a ti para siempre y de la manera más perfecta, y a través de ti quiero convertirme en la propiedad del Sagrado Corazón de Jesús para la eternidad.
Mira, me dedico a ti este día y todos los días de mi vida, pero especialmente en las horas de mi muerte, mi alma con estas facultades, mi cuerpo con sus sentidos, en una palabra, todo mi ser.
Uno esta dedicación con la Vida Sagrada, la Pasión y la Muerte de Jesús, con todas las santas Misas que se dirán y con todas las santas comuniones que se recibirán. Me uno con tus gloriosos méritos, querida madre, con los méritos de todos los santos y los elegidos, y con todas las buenas acciones que se harán.
Con éstos uno mis propias oraciones, labores y sufrimientos, también con todas las indulgencias que puedo obtener, todos los méritos que puedo adquirir; pongo todo eso en tus manos maternales. Purifica mi don de cada mancha, dispone de él y ofrécelo a la Santa Trinidad de acuerdo y en unión con las infinitamente santas intenciones del Sagrado Corazón de Jesús.
Ayúdame, querida Madre, a sacrificarme completamente por el honor de tu Hijo y por las almas inmortales. Concédeme, no como una recompensa sino como un favor, que siempre pueda servirte y que nunca, ni siquiera por el purgatorio, sea separada de tu Divino Hijo. Oh, clemente, oh, piadosa, oh dulce Virgen María. Amén.
